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Una decisión que no quería tomar

23.09.2019

 

Mercedes* es una chica peruana que llegó a Una Decisión de Vida con el ánimo de contar su testimonio para ayudar tanto a las mujeres en crisis con su embarazo como a las mujeres que pasaron la experiencia del aborto y necesitan apoyo.

En el mes de febrero, me encontraba culminando un contrato como freelance en una empresa en la ciudad que resido. Estaba acabando la universidad y estaba en trámites para sacar la documentación de un nuevo proyecto laboral.

 

En el trabajo, conocí a un chico con el que comencé a dialogar y al poco tiempo empezamos a salir. Luego de dos meses de estar saliendo me enteré que tenía pareja y me afecto mucho. Él se encontraba de viaje y nunca se atrevió a contarme, cuando le reclamé, lo confirmó. Me dijo que al llegar hablaríamos del tema.

Por cuestiones de trabajo, tuve que viajar a otras ciudades por 15 días. Aproveché este tiempo para alejarme un poco, sin embargo, el sentimiento entre los dos seguía latente. Tanto que al volver continuamos saliendo.

 

A finales de junio, terminó mi contrato en esta empresa y me fui a otra con un rubro similar por un mes. Luego de quince días de comenzar en la actual empresa, comencé a sentir que él se distanciaba así que decidí alejarme, me sentía cansada y rechazada. A la semana siguiente, comencé a sentir malestar, cansancio y ciertos cólicos. Aún no me venía el periodo. No creía posible un embarazo, pero pensé que no estaba de más hacerme una prueba de orina y esta salió positiva, de inmediato le escribí y le comenté. Nos encontramos y conversamos, lo mejor era una prueba de sangre, así que la haríamos al día siguiente.

 

 

Como lo pensábamos, salió positivo. Seríamos padres jóvenes y ni siquiera estábamos juntos. Así que le dije:

 

-“Si lo pienso a pura razón sin sentimiento, creo que todavía no es momento”.

 

Pensé que me diría algo distinto, ya que me había dicho antes que él no sería capaz de pedirme que abortara. Pero me dijo:

 

-“Sí, pues no es momento” Voy a preguntar.

 

Me quede sentada con un poco de inquietud. Al salir, me dijo que le informaron que debíamos ir al ginecólogo. Pagó la consulta  e ingresamos. El médico nos vio, yo estaba callada y el chico dijo:

 

-“Doctor, venimos a hacerle una consulta: Pasa que mi pareja está embarazada y no lo hemos planificado,  ¿Hay alguna alternativa?”

 

El médico hizo como si le importara y empezó a contarnos su experiencia. Él también había sido padre joven. Aun así, continúo explicándonos el proceso y el modo en el que trabajaría, al final nos dio el valor y terminó.

 

 

 El chico se fue de viaje unos 3 días, mientras tanto yo pensaba cuál sería la mejor solución para esta situación. Decidí contarle a mi hermano y me dijo: es tu cuerpo decide tú. Dentro de las cosas que pensaba, venía a mí el rechazo que podría tener de mi madre al darle la noticia (mi padre falleció hace 2 años y recién nos vamos recuperando de la pérdida). Era también el hecho de que yo no tuviera una relación formal con el chico y de que él pensara que yo lo quería retener con el embarazo.

 

Además, si con el tiempo el niño me preguntaba por su padre que le respondería o quizás decidiera aceptar la paternidad y luego lo rechazará o le dijera algo hiriente. Eran muchas dudas y cuestionamientos, así que solo oraba para que cambiara su decisión.

 

También, llegué a pensar que había luchado tanto por extender la vida de mi padre, abuela y tíos y ahora pensaba quitarle la vida a mi propio hijo. Sin embargo, de lo que estaba segura era de que si bien era mi cuerpo, no me correspondía solo a mi elegir si continuar o no con el embarazo.

 

Esperé su llegada y guardaba las esperanzas de que su decisión cambiara, pensé que me diría: Mira si tú quieres continua con el embarazo, porque yo no me haré cargo.  Al menos que me dijera eso, pero no. Lo que me dijo fue:

 

-Ya tengo el dinero que pidió el doctor. 

 

Le respondí: Si quieres te doy el dinero y si quieres el doble, pero no quiero hacerlo, mientras lloraba. Aun así me dijo:

 

-No, por favor.

 

Se veía con tanta pena en el rostro que sentí el corazón quebrantado, me abrigué y salimos. Todo el camino incluso antes de hacerlo ya sentía la culpa en mí y como si algo se aferrara. Al llegar al médico, nos sentamos y  esperamos un tiempo. Trate de mirar por donde podía salir, pero no encontraba el modo. Sentía un desequilibrio emocional muy grande, como niña que no sabe qué hacer y deja la solución en su padre. Cinco minutos antes de ver la llegada del médico, cogí el celular para llamar a alguien que fuera a buscarme, pero él me lo pidió y lo guardo en su abrigo.

 

Llegó el médico, nuevamente me ganaron las lágrimas y le dije al chico que no quería hacerlo, pero él respondió que no quería tenerlo. Con la cabeza baja comencé a caminar al consultorio, ingresamos y el médico un poco molesto por mi llanto, me dijo que me quitará el pantalón porque me pondría el dilatador. En aquel momento, no podía contener el llanto y solo pensaba que todo el cariño y afecto que mi pareja alguna vez menciono había sido un engaño, pues si realmente lo hubiera sentido no me habría llevado a un lugar y específicamente donde una persona para que este me desvistiera y me metieran dos pastillas. 

 

Al terminar, salimos pero yo no paraba de llorar. Llegamos a la habitación de mi pareja donde me estaba quedando días antes. Él regresó a su trabajo.

 

Mientras tanto, sentía como todo el mundo se me venía encima, pensaba en todos los planes que tenía y veía como las cosas perdían sentido. Me preguntaba ¿Para qué planeaba tanto, si ya había cometido el PEOR ERROR de mi vida? Llegué a tal punto de desesperación que agarre un cuchillo y pensé en atentar contra mi vida, pero en ese mismo instante recibí un mensaje de mi hermano preguntándome cómo estaba a lo que le respondí: Ya no hay papá que arregle las cosas.

 

Luego de unas tres horas, el dilatador empezó a hacer efecto. El chico llegó a casa y empezaron los cólicos y el sangrado. Durante toda la noche no pude dormir, pues el dolor era intenso. Al día siguiente, debíamos volver para que el médico hiciera el degrado.

 

Al terminar, regresamos a casa, pero yo no tenía apetito y me sentía muy mal. Al otro día él viajó nuevamente y ya todo era distinto. Yo le había pedido que me brindará un poco de estabilidad y compañía durante un mes al menos para mí recuperación, pero tuvo un problema con su pareja y me pidió que no habláramos más.

 

Para evitarle la pena a mi madre, decidí irme de viaje. Durante ese tiempo recapacité y busqué ayuda. Encontré la página UNA DECISIÓN DE VIDA y envié un correo preguntando cómo podría contribuir. Me puse la meta de ayudar y sé que si solo pudiera ayudar a alguien que esté pasando por lo mismo ya sea que este embarazada o ya sea que tenga el malestar emocional luego de haber pasado esta dolorosa experiencia mi vida aún tendría sentido.

 

*Testimonio real. Nombre cambiado para proteger la identidad de la persona.

 

 

 

 

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